CIUDAD DE MÉXICO. — El Paseo de la Reforma es hoy un gigantesco espejo roto. Por un lado, la avenida más emblemática del país se viste de gala, luces y cantos para albergar la máxima fiesta del balompié internacional. Por el otro, apenas a unos metros de la euforia masiva, un muro de metal de dos metros de altura —erigido originalmente por el gobierno para contener protestas— se ha convertido en el memorial involuntario de la mayor tragedia humana de la nación.
En la glorieta del Ahuehuete, muy cerca del Ángel de la Independencia, las vallas metálicas sostienen miles de rostros. Son las fichas de búsqueda de quienes ya no están. Algunas impresas a color, otras en un desgastado blanco y negro; muchas de ellas ya deslavadas por el tiempo y las lluvias recientes, borrando los rasgos de personas que alguien, desesperadamente, sigue esperando en casa.
El turismo de la ausencia
Mientras la prensa internacional y miles de aficionados de todas partes del mundo inundan las calles celebrando que el balón ha vuelto a rodar en tierras aztecas, el contraste es brutal.
Los turistas caminan con camisetas de fútbol, se detienen frente al muro y observan con una mezcla de desconcierto y asombro. Algunos no terminan de entender el contexto; otros sacan sus teléfonos y toman fotografías a los rostros impresos, como si el dolor ajeno se hubiera convertido en un monumento antiguo o en una atracción turística más de la capital.
Para las familias mexicanas, sin embargo, esas hojas de papel no son historia pasada: son una herida abierta que sangra en tiempo real.
Las cifras detrás de la porra
Oficialmente, México registra más de 130,000 personas desaparecidas. Una cifra de por sí alarmante que, según expertos y colectivos, se queda corta frente al subregistro de miles de familias que jamás se atrevieron a denunciar por miedo o desconfianza en las autoridades.
Hoy, bajo el cobijo de los reflectores del torneo global, las madres buscadoras han lanzado un eco doloroso que contrasta con la fiesta: piden que, así como regresó el esférico a la cancha, regresen también sus hijos, hijas, esposos y esposas.
Entre la marea de nombres en letra pequeña que tapiza el muro, destaca uno que recuerda la vulnerabilidad extrema de quienes buscan: Lorenza Cano. La madre buscadora fue privada de su libertad el 15 de enero de 2024, y a la fecha, su paradero sigue siendo un misterio. Su ausencia en el muro es un recordatorio de que en este país, buscar a los perdidos puede costar la propia libertad.
Dos Méxicos en una misma avenida
La paradoja es casi insoportable. A unos pasos de distancia conviven la incertidumbre más profunda y la alegría más desbordante. El aire de Reforma transporta, al mismo tiempo, el olor a pólvora de los fuegos artificiales de la celebración deportiva y el frío vacío de las familias que no tienen nada que festejar.
Es el choque de dos Méxicos: el que celebra la euforia de un gol que dura noventa minutos, y el que vive atrapado en una angustia eterna, esperando que el mundo, además de mirar a la cancha, voltee a ver el muro para ayudarles a encontrar la verdad.