SALAMANCA, GTO. – Se cumple un mes de los ataques coordinados que paralizaron a Salamanca el pasado 22 de febrero. A 30 días de aquellos incendios provocados, el panorama para las víctimas del sector transporte y el comercio local es desolador: las promesas de apoyo gubernamental avanzan a cuentagotas, mientras las huellas del fuego siguen visibles en la ciudad.
Transporte Público: El miedo no se quita con créditos
Tras la quema de unidades de transporte urbano, el gremio de transportistas en Salamanca sigue operando bajo una tensa calma. Aunque las autoridades estatales y municipales anunciaron gestiones para la reposición de unidades a través de esquemas de financiamiento, la realidad en las rutas es distinta.
* Apoyos bajo la lupa: Fuentes del sector transporte señalan que, si bien se han abierto mesas de diálogo con la Secretaría de Gobierno y el Fondos Guanajuato, los créditos ofrecidos resultan difíciles de alcanzar para concesionarios que ya arrastraban una crisis económica.
* Reducción de horarios: Ante la falta de garantías de seguridad permanentes, algunas rutas en zonas periféricas siguen recortando sus horarios de servicio al caer la noche, afectando a cientos de trabajadores.
El comercio «olvidado» de la gasolinera
Uno de los puntos más críticos de aquella jornada fue el incendio de un negocio de conveniencia ubicado en una estación de servicio (gasolinera). A un mes de la tragedia, el lugar permanece acordonado y sin signos de remodelación.
La estructura carbonizada no solo es un recordatorio visual de la violencia, sino un símbolo del estancamiento administrativo. Trascendió que:
* Seguros y Peritajes: El retraso en la reconstrucción se debe a la lentitud de los peritajes por parte de la Fiscalía General del Estado y las trabas de las aseguradoras, que mantienen el inmueble «congelado».
* Desempleo: Los trabajadores de dicho comercio permanecen en la incertidumbre, algunos reubicados en otras sucursales, mientras que otros han perdido su fuente de ingresos sin recibir un apoyo directo de los programas de emergencia económica del municipio.
No existe aún un programa de «Fondo de Emergencia» que cubra de manera inmediata las pérdidas totales de los pequeños comerciantes que quedaron atrapados en el fuego cruzado del crimen organizado.
Salamanca cumple un mes de cicatrices abiertas, donde la «normalidad» parece ser solo una fachada que oculta una profunda crisis de confianza y una economía local que no logra recuperarse del impacto de las llamas.