SALAMANCA, GTO. – Mientras el discurso oficial presume la soberanía energética y el Gobierno Federal envía recursos y equipo a otros países, en el corazón de Guanajuato, la Refinería Ing. Antonio M. Amor (RIAMA) se desmorona. No es una suposición; es la realidad cruda documentada y basada en testimonios generales de trabajadores de diversos departamentos que, bajo condición de anonimato por temor a represalias, denuncian que operan bajo la sombra de la negligencia y con la vida pendiendo de un hilo.
Un Departamento de Contraincendio en cenizas
La unidad que debería ser la primera línea de defensa ante una catástrofe está, en la práctica, desmantelada. La investigación confirma que el departamento de emergencia atraviesa su peor crisis en siete años.
En el reciente desfile de la ciudad, la ausencia de motobombas fue el síntoma más visible de la enfermedad que consume a la refinería: de 6 motobombas, ninguna sirve. Son equipos obsoletos, convertidos en chatarra. Lo que la ciudadanía vio desfilar fue un camión de rescate, útil para trasladar lesionados, pero totalmente inútil para un ataque de fuego de gran magnitud.
• Red contraincendio colapsada: La red de tuberías de toda la refinería es un colador de fugas. De las 12 bombas destinadas a dar presión al sistema (seis por cada una de las dos estaciones), ni una sola está en servicio.
• Agua que «enciende»: Cuando hay agua, es de calidad pésima, extraída de lagunas y con un alto porcentaje de hidrocarburos. En una emergencia, en lugar de sofocar el fuego, el líquido amenaza con alimentarlo.
«Dios nos ampare»: Emergencias atendidas con ramas
La falta de inversión ya ha pasado factura. El viernes de la semana pasada, un incendio en el área de quemadores de campo tuvo que ser combatido con extintores y ramas, debido a que la red de agua en esa zona está muerta.
En otro incidente reciente en la planta de Alquilación, la última motobomba que «medio funcionaba» quedó fuera de servicio. Aunque el personal busca repararla desesperadamente, se enfrentan a un muro técnico: son modelos tan viejos que las refacciones son prácticamente imposibles de conseguir, condenando al equipo al abandono. Hoy, ante una emergencia de hidrocarburos, el personal tiene que subir mangueras y boquillas a camionetas del departamento y rogar que algún hidrante cercano tenga la presión suficiente para funcionar.
El olvido selectivo: Solidaridad externa, miseria interna
La indignación en las filas de Pemex crece al comparar la carencia local con la política exterior. Mientras el Gobierno regala equipos y recursos a países como Cuba, la «casa» —RIAMA— carece de lo más básico:
• Equipo de protección: Trajes de bomberos desgarrados que los trabajadores comparan con «disfraces de domador de tigres».
• Déficit de personal: De una plantilla de 150 elementos, hoy solo quedan 110. Pemex bloquea plazas por jubilación o vacaciones, dejando guardias nocturnas con apenas 25 personas para proteger una instalación que es el motor económico del país.
• Prestaciones nulas: El servicio médico, créditos de vivienda y coberturas básicas han desaparecido de la lista de prioridades de la administración y el sindicato.
»Es una refinería, es la economía del país, y no tiene con qué atacar sus emergencias. Alguien está maquillando los informes para ocultar que estamos operando a ciegas», sentencia una de las voces consultadas durante esta investigación.
Siete años de abandono, falta de mantenimiento y una gestión administrativa que prioriza la apariencia sobre la seguridad, han convertido a la refinería de Salamanca en un riesgo latente, no solo para quienes trabajan ahí, sino para toda una ciudad que duerme junto a un gigante que ya no tiene quién lo cuide.