SALAMANCA, GTO. – Lo que debería ser una celebración nacional se ha transformado, para decenas de familias en Salamanca, en una jornada de resistencia y exigencia. Este 10 de mayo, el colectivo «Salamanca Unidos Buscando Desaparecidos» volvió a salir a las calles, aunque esta vez con menos integrantes y un sentimiento de vulnerabilidad acentuado por la reciente violencia que ha golpeado directamente al grupo.
El desgaste de la esperanza: 9 años buscando
Alma Lilia Tapia, vocera del colectivo, encabeza la marcha con una mezcla de cansancio y determinación. Para ella, este no es un aniversario más; es el noveno día de las madres que pasa sin su hijo, quien fue privado de la libertad precisamente un primero de mayo.
»Ya se me empieza a hacer muy lejano esto y a veces empiezo a perder las esperanzas, pero cuando veo a las demás, ellas me empujan», compartió Tapia.

La líder buscadora destacó que el colectivo enfrenta una renovación dolorosa: la mayoría de las asistentes este año son madres de desaparecidos recientes, personas que han perdido a sus hijos en lo que va de 2026.
El miedo que silencia: Ataques y falta de protección
La participación en la marcha de este año se vio mermada. Según Tapia, asistió aproximadamente la mitad del contingente habitual debido al temor generado por el asesinato de dos integrantes del colectivo ocurrido apenas un día antes. A este hecho se suma la desaparición de Lorenza Cano y el historial de ataques que ha cobrado la vida de varias buscadoras desde la fundación del grupo.
Alma Lilia denunció la falta de protección efectiva por parte de las autoridades municipales y estatales. A pesar de los protocolos existentes, asegura que en Salamanca no cuentan con botones de pánico ni acompañamiento real en sus domicilios.
«Nos piden que suspendamos la marcha, pero no podemos. Pedimos protección y es bien escasa; dicen que van a ayudar, pero no apoyan como ellos dicen», sentenció, reiterando la urgencia de crear una célula municipal de búsqueda que respalde sus labores en campo.
«Era mi única hija»: El calvario de Ruby
Entre las nuevas voces que se suman al dolor se encuentra Ruby, madre de Erika González Ortega, una joven privada de su libertad el pasado 13 de abril de 2026 en la colonia Cerrito.
El relato de Ruby describe una escena de violencia inmediata: sujetos armados irrumpieron en el domicilio tras herir a un acompañante de la joven (quien actualmente se encuentra en coma). Desde ese momento, el contacto diario que mantenían madre e hija se cortó abruptamente.
»Ella era mi compañera de vida, mi única hija mujer entre tres hermanos. Hoy deja a un bebé de tres años sin su madre», relató Ruby entre la impotencia y la fe de las oraciones que sus conocidos mantienen activas.
Un llamado a las autoridades
El reclamo de las madres buscadoras hacia la Fiscalía del Estado y la Comisión de Búsqueda es unísono: pasar de las palabras a la acción. Ruby cuestionó las prioridades de seguridad pública, instando a las autoridades a enfocar sus recursos en localizar a los desaparecidos en lugar de operativos superficiales.
»Que se pongan en nuestros zapatos. Queremos justicia y que busquen para poder encontrar a nuestros seres queridos», concluyó.
La marcha de este 10 de mayo en Salamanca no fue de fiesta, sino un recordatorio de que, para estas madres, no hay nada que celebrar mientras falte un hijo en casa.