En un paso decisivo por proteger la identidad y el patrimonio arquitectónico de la ciudad, el Gobierno Municipal de Salamanca concretó la compra de la emblemática Casa del Inquisidor. Con una inversión de 7 millones de pesos, el inmueble —uno de los pocos ejemplos de arquitectura barroca que sobreviven en el municipio— pasará a ser resguardado como patrimonio cultural y arquitectónico.
Un ahorro estratégico para el erario.
La adquisición fue confirmada por el alcalde César Prieto, quien subrayó el alto valor histórico de la finca, cuya construcción se sitúa entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Prieto destacó que la operación representó un beneficio financiero para la administración, ya que el precio inicial de venta entre particulares rondaba los 10 millones de pesos, logrando una reducción de 3 millones mediante la negociación.
Joya del barroco temprano.
A pesar de las intervenciones y modificaciones sufridas a lo largo de las décadas, la Casa del Inquisidor conserva elementos que atestiguan la majestuosidad de su pasado.
Entre sus detalles arquitectónicos destacan la fachada de cantera, una pilastra con un nicho que resalta por su manufactura. Posee una arcada barroca con una estética muy similar a la del Portal José Rojas Garcidueñas, ubicado en el Jardín Constitución.
Debido a estas características, la finalidad de la compra es garantizar la preservación de este espacio que, durante años, permaneció cerrado al público y en riesgo de deterioro.
Destino del inmueble: ¿Cultura o Administración?
Aunque la propiedad ya es parte del patrimonio municipal, las autoridades aún no han definido su uso final. De acuerdo con el Gobierno de César Prieto, se analizan dos vertientes principales, como un espacio cultural, sería convertirla en un recinto abierto al público para fortalecer la memoria histórica o en su caso oficinas Administrativas, que es destinarla a funciones gubernamentales, siempre bajo un estricto esquema de conservación y protección supervisado por las instancias correspondientes.
El misterio tras sus muros.
La casa, también conocida popularmente como “Casa del Diezmo”, está rodeada de leyendas. El nombre “Casa del Inquisidor” proviene de la creencia popular de que en ella habitó un miembro del Tribunal del Santo Oficio; sin embargo, historiadores locales debaten esta versión, asegurando que no existen registros oficiales de la presencia de la Inquisición en la villa de Salamanca.
Sin importar el origen del nombre, el IMPLAN y las autoridades municipales coinciden en que la recuperación de esta finca es vital para integrar la memoria barrial a la planeación urbana y fortalecer el atractivo turístico y cultural del centro histórico.