Salamanca, Gto. – Entre el dolor y la impotencia, familiares de las víctimas de la masacre en Loma de Flores comienzan a alzar la voz para limpiar el nombre de sus seres queridos. Es el caso de Alejandro «Charly» Moreno, cuya pasión por la música y el servicio lo llevó ese domingo al predio «Campo Cabañas», sin imaginar que no regresaría a casa.
Una herencia musical.
En entrevista, el abuelo de «Charly» recordó con nostalgia que el amor por el ritmo era una herencia familiar. «Yo era baterista en un grupo», relató, explicando cómo su nieto siguió sus pasos en el mundo artístico, integrándose a la agrupación Reencuentro Norteño y dedicándose también a la animación de eventos.
Su labor el día de la tragedia.
Aquel domingo, «Charly» no acudió al sitio como espectador o por voluntad propia, sino bajo un contrato laboral. Junto a su amigo Brayan Gutiérrez, ambos originarios de una comunidad vecina, fueron contratados para prestar sus servicios como DJ y locutores del encuentro deportivo.
»Lo rentaron para estar anunciando… él era el vocero, el que estaba anunciando los partidos», explicó su abuelo, subrayando que su nieto se encontraba cumpliendo con su trabajo detrás del micrófono cuando el comando armado irrumpió en el lugar. «Le tocó la de malas», lamentó con la voz entrecortada.
Una comunidad herida.
La pérdida de «Charly» y Brayan ha dejado un vacío profundo en su localidad. Su abuelo, representando el sentir de toda una familia y una comunidad que los vio crecer, fue tajante al describir el estado emocional en el que se encuentran: «Nos sentimos destrozados».
Mientras los servicios fúnebres se llevan a cabo bajo un fuerte cerco de seguridad en las comunidades aledañas, los testimonios de los familiares refuerzan que muchas de las víctimas eran personas de trabajo que se encontraban en el sitio desempeñando oficios, desde la música hasta la seguridad privada.