SALAMANCA, GTO. – Como cada año, el aroma a maíz y el sonido de las hojas de plátano siendo acomodadas marcaron el inicio de este 2 de febrero, Día de la Candelaria. Desde las primeras horas del día, los molinos y mercados de la ciudad lucieron llenos, reflejando que la tradición de «pagar los tamales» sigue más viva que nunca entre los salmantinos.
El pulso comercial de la tradición.
Desde antes del amanecer, las filas en los molinos locales eran ya una constante. Cientos de personas acudieron para comprar la masa fresca, el ingrediente principal de este festín. El movimiento no se detuvo ahí; en el mercado municipal, puestos de carnicerías registraron una alta demanda de manteca y carne, mientras que los vendedores de hojas de maíz y de plátano reportaron ventas constantes desde el fin de semana.
¿Por qué comemos tamales el 2 de febrero?
Esta celebración en México es un claro ejemplo del sincretismo cultural entre las raíces prehispánicas y la herencia católica. Aunque en el calendario religioso se celebra la Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de la Virgen María (la Candelaria), el banquete de tamales tiene un trasfondo agrícola ancestral:
• El ciclo del maíz: Para los pueblos originarios, esta fecha coincidía con el undécimo día del primer mes del calendario azteca (Atlcahualo), cuando se realizaban ofrendas a Tláloc y Chalchiuhtlicue para asegurar las lluvias y la bendición de las siembras.
• La ofrenda: Al ser el hombre creado de maíz —según la mitología del Popol Vuh—, el tamal (hecho de maíz) se convirtió en el elemento simbólico para ofrendar a los dioses.
• La «deuda» del Niño: Con la evangelización, la tradición se fusionó: quien encuentra la figura del Niño Jesús en la Rosca de Reyes el 6 de enero, se convierte simbólicamente en su «padrino» y debe ofrecer el banquete el 2 de febrero.
Una tradición que une familias
A pesar del incremento en los precios de algunos insumos, las familias salmantinas no dejaron pasar la fecha. Ya sea de verde, de dulce, de mole o de rajas, los tamales siguen siendo el pretexto perfecto para la reunión familiar y el cumplimiento de un compromiso que nace en la alegría de compartir.